Cuando se inician periodos importantes en la vida, siempre hay expectativas, ansiedades y temores, pero mas que esto es deseo de aplicar los conocimientos aprendidos en los años de estudio. Cuando yo llegué el primer día a la empresa, me sentí asustada, ya que no conocía nada de la labor que iba a realizar... Conforme pasaron los días, me di cuenta que los obstáculos son interpuestos por nosotros mismos.
Al inicio experimente labores, me sentí perdida, sin saber que hacer, al concluir la primera semana que me tocó ocupar el puesto sola, tenía miedo por las cosas que hacía; la incertidumbre al no saber si lo que hacia estaba bien o lo hacia mal, puedo decir que metí las patas un par de veces, terminaron siendo llamadas de atención, que me ayudaron a mejorar.
En definitiva puedo decir que siempre hay ángeles que escuchan nuestras plegarias y llegan en el momento justo a ayudar, o bien siempre están dispuestos a escuchar preocupaciones, dudas y tratan de aclararlas de la mejor manera.
Como parte de todo, siempre hay ratos amargos, donde toca respirar agachar la cara, admitir los errores, sobreponerse y seguir adelante; han habido momentos en lo que no puedo mentir que he tenido ganas de salir corriendo, ya que el estrés ajeno, el clima organizacional se han juntado y agobian, aunque han sido situaciones ajenas a mi, siempre afectan.
Ya hoy 3 meses después de haber llegado al campo laboral, lo único que puedo decir es que la experiencia no la cambiaría, ya que me ha permitido conocer personas increíbles, otras no tantos, con las cuales siempre hay que tratar, pero como escuche una vez eso es lo bonito de ser todos diferentes.
Al concluir la practica el día 7 de noviembre, la noticia de la permanencia un tiempo mas en la empresa llegó, esto traía consigo mas responsabilidad, mas ganas de seguir haciendo las cosas bien, y por supuesto una remuneración económica, que al final se vuelve un factor secundario, pero no deja de ser importante.